Galactorrea mental

Los delirios de un trasnochado, sin seso y rayano a la cursilería más espantosa. Solo para locos extraviados y pelmazos de primera hora, cuerdos y eruditos, abstenerse.

Nombre: mar

viernes, febrero 11

Hola ¿Cómo están?


Vuelvo a publicar un post para recomendarles este blog y
página muy interesante que he descubierto y que está en construcción por
ahora, pero pinta muy bien.


Si te agradan las plantas o te sientes bien en tu jardín
entra al Jardín de Angie que te va a encantar.


Saludos a todos.



http://usuarios.lycos.es/henoch/


http://vivero.blogspot.com/


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miércoles, junio 23

Algunas "citas citables" de "El Señor de los Anillos"

Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado. (SA III, 9) Aragorn.

No te entrometas en asuntos de magos, que son gente astuta e irascible. (SA III, 11) Merry.

El daño del mal recae a menudo sobre el propio mal. (SA III, 11) Théoden.

Una mano quemada es el mejor maestro. Luego cualquier advertencia sobre el fuego llega derecha al corazón. (SA III, 11) Gandalf.


Solo atravesando la noche se llega a la mañana. (SA IV, 2) J.R.R. Tolkien.

Donde no falta voluntad siempre hay un camino. (SA V, 3) Dernhelm (Éowyn).

Un traidor puede traicionarse a sí mismo y hacer involuntariamente un bien. (SA V, 4) Gandalf.

Cuando todo está perdido llega a menudo la esperanza. (SA V, 9) Légolas.

A través de la oscuridad es posible llegar a la luz. (CI 1, I) Gelmir.

Da con prodigalidad, pero da sólo lo tuyo. (CI 1, II) Sador.

Un hombre que huye de lo que teme a menudo comprueba que sólo ha tomado un atajo para salirle al encuentro. (CI 1, II) Sador.

Más frases en PÁGINA TOLKIEN DE GANDALF Y ARAGORN

 


viernes, mayo 14

Simplemente un sueño.

Hoy quiero relatarles un sueño. Éste se remonta a la época de mi adolescencia. Tendría yo unos dieciséis años y cursaba el ciclo secundario. Por la escuela deambulaba una multitud de alumnos y alumnas; de profesores y profesoras. Pero el único motivo de mi ensoñación estaba cautivo en una mirada; una dulce mirada que me envolvía y me transportaba, como en una nube, hacia el borde del paroxismo.
Ustedes se preguntarán quién era la dueña de esos ojos que tan absorto me mantenían.
Quisiera yo engañarlos diciéndoles que los infinitos suspiros que me nacían del alma, llevaban como destino alguna compañera de estudios, de belleza espléndida y figura descomunal; de voluptuosos dones que la madre naturaleza, con generosidad, en su cuerpo había moldeado.
Pero no, no quiero mentirles, ese misterioso ser que agitaba las fibras más íntimas de mi corazón, que nublaba mi mente haciéndola flotar, provocándome, solo con su tierna mirada y su sonrisa de almíbar, un vendaval de sensaciones; no era una alumna, tampoco se podría decir que la diosa Afrodita la hubiese agraciado con la exuberancia del cuerpo de una diva.
Bueno... tampoco vayan ustedes a pensar que era lo opuesto, no.
Porque la discreción que la providencia hubo delineado en su silueta, muy armónica por cierto, estaba magníficamente compensada con su carisma incomparable; que se revelaba en la inigualable gracia con que se movía por entre los pasillos del aula, en el desenfado con que desperdigaba simpatía a los cuatro vientos, en el amor que irradiaba al enseñarnos la lingüística materia, en su sensibilidad, en su inteligencia y en un sinfín de virtudes que no alcancé a percibir, ya que el arcano que envolvía su personalidad, solo podría haber sido develado por quien compartiese con ella los más íntimos momentos de su vida...

Y hallándome yo, inmerso en este amoroso delirio, acurrucado en el regazo de esta cálida pasión: vino, de repente, a perturbar mi onírico relato, el irritante sonido del timbre anunciando el cambio de hora. Mas, grande fue mi sorpresa al despertar y darme cuenta, que lo único irreal de aquel, mi sueño, era mi edad: “que aún no es de adolescente, que incluso no tengo dieciséis años, sino tan solo treinta y seis”...